
Cómo el ejercicio de baja intensidad (zona 2) alarga la vida: mitocondrias, estudios y frecuencia ideal
Recuerdo la primera vez que un médico me habló del “entrenamiento en zona 2”. Yo acababa de cumplir 40, y aunque pensaba que estaba en buena forma, una prueba de esfuerzo me demostró lo contrario: mi capacidad aeróbica estaba por los suelos. “No necesitas correr más fuerte, necesitas correr más lento”, me dijo. En ese momento, no lo entendí. Pero unas semanas después, mientras trotaba despacio y controlaba mi pulso en torno a 120 latidos por minuto, noté algo: podía respirar con calma, mi mente se relajaba y sentía una energía distinta. Era sutil, pero real.
El tema de cómo el ejercicio de baja intensidad (zona 2) alarga la vida ha ganado terreno en los últimos años. Detrás de esa aparente simplicidad se esconde un mecanismo biológico fascinante: las mitocondrias, las diminutas centrales energéticas de nuestras células. Este tipo de entrenamiento, realizado a la frecuencia adecuada, no solo mejora nuestra resistencia, sino que optimiza cómo las mitocondrias producen energía, retrasando el envejecimiento metabólico.
Las mitocondrias: el núcleo energético del envejecimiento
Las mitocondrias son las encargadas de convertir la grasa y la glucosa en energía utilizable. Envejecer, en gran parte, es perder eficiencia mitocondrial. Cuando esas “fábricas eléctricas” se deterioran, el cuerpo produce más radicales libres, aumenta la inflamación y disminuye la capacidad de mantener tejidos y órganos en equilibrio. Lo que muchos no saben es que esa degradación puede revertirse parcialmente con algo tan asequible como caminar rápido 45 minutos al día.
De acuerdo con un metaanálisis de PMC (2023), aumentar la actividad física de baja a moderada reduce entre un 10 % y un 50 % la mortalidad por todas las causas. Es una horquilla enorme, pero suficiente para entender que incluso pequeños cambios influyen de manera radical. La clave está en mantener el esfuerzo en un rango donde podemos hablar sin jadear, normalmente entre el 60 % y el 70 % de la frecuencia cardíaca máxima.
¿Qué es exactamente la “zona 2”?
La zona 2 es esa franja de intensidad donde el cuerpo aún utiliza principalmente la grasa como fuente de combustible y donde las mitocondrias trabajan de forma óptima. Técnicamente, se sitúa en torno al 65 % de la frecuencia cardíaca máxima (se calcula restando la edad a 220). Para una persona de 40 años, eso suele ser entre 110 y 125 pulsaciones por minuto. Y no, no hace falta obsesionarse con el reloj: basta con poder mantener una conversación fluida mientras caminas o pedaleas.
Curiosamente, trabajos como los de Wiley Journal (2012) demostraron que la capacidad aeróbica (VO₂ máx) es un predictor más fuerte de longevidad que muchos marcadores clínicos tradicionales, incluyendo la tensión arterial o el colesterol. Dicho de otro modo: lo importante no es tanto cuántos kilos levantas, sino cuánto oxígeno puedes utilizar de forma eficiente.
Estudios recientes y frecuencia ideal
Los expertos sugieren que entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada es la dosis ideal para mantener la salud mitocondrial, según Harvard T.H. Chan (2022). Repartidos en sesiones de 30 a 45 minutos diarios, tres a cinco veces por semana. No hace falta más —aunque si te apasiona, más tampoco daña—. Lo importante es la constancia.
En un estudio con pacientes de esclerosis múltiple (BMC Neurology, 2017), los programas de baja intensidad mejoraron la aptitud aeróbica y redujeron la fatiga. Es decir, incluso en condiciones médicas adversas, la zona 2 estimula la función mitocondrial y la calidad de vida.
Yo lo comprobé cuando decidí, durante un invierno particularmente largo, caminar cada mañana antes del trabajo. No era nada épico: solo 40 minutos escuchando podcasts mientras subía una suave pendiente. A las tres semanas, mis pulsaciones en reposo bajaron de 68 a 59. Dormía mejor. En los días de estrés, esa caminata era casi un escudo invisible.
Pero la constancia cuesta, lo sé. Muchos abandonan porque no “sienten” que están trabajando lo suficiente. Estamos acostumbrados a creer que si no hay sudor ni jadeos, no cuenta. Error. La magia de la longevidad está precisamente en esa baja intensidad mantenida.

Ejemplos cotidianos y comparaciones prácticas
Mucha gente pregunta: “¿Caminar 10 000 pasos al día es zona 2?”. No siempre. Depende del ritmo. Si esos pasos los das repartidos y sin apenas aumentar tu frecuencia cardíaca, no alcanza el umbral mitocondrial. Una caminata continua, de 40 minutos a paso ligero, sí lo consigue.
He elaborado una tabla sencilla que muestra la diferencia entre tres enfoques típicos:
| Tipo de ejercicio | Frecuencia cardíaca promedio | Duración ideal | Efecto principal |
|---|---|---|---|
| Zona 2 (baja intensidad) | 60–70 % de la FC máx. | 40–60 min. | Mejora mitocondrial, uso eficiente de grasa, resistencia metabólica |
| Zonas 3–4 (moderada/alta) | 75–90 % de la FC máx. | 20–40 min. | Desarrollo cardiovascular, incremento del VO₂ máx |
| Alta intensidad (HIIT) | >90 % de la FC máx. | 10–20 min. | Aumento de fuerza, explosividad, oxidación rápida de glucógeno |
Como ves, no se trata de elegir uno u otro. Lo más inteligente es combinarlos, pero dando prioridad a la zona 2, que puede ocupar un 80 % del volumen semanal. Ahí ocurre la mayor parte de la adaptación mitocondrial.
¿Por qué el entrenamiento suave activa tanto las mitocondrias?
La explicación es bioquímica: al mantener un nivel de esfuerzo sostenible, el músculo estimula lo que se conoce como “biogénesis mitocondrial”. Se activan genes como el PGC-1α, que ordenan fabricar más y mejores mitocondrias. En otras palabras, el cuerpo invierte en infraestructura energética. Este proceso necesita tiempo continuo, no picos de intensidad.
Si alguna vez terminas un paseo sintiéndote ligeramente acalorado pero con la sensación de poder seguir una hora más, eso es zona 2 pura. No agota el sistema nervioso, no requiere recuperación larga y, lo más importante, enseña al organismo a utilizar la grasa como combustible primario. Esa capacidad se traduce en menos inflamación y una mejor regulación de la glucosa.
“Entrenar la zona 2 no es solo cuestión de cardio; es una inversión directa en la salud celular.”
Cómo estructurar una semana de entrenamiento
Para la mayoría de personas, bastan tres a cinco sesiones de 45 minutos semanales en zona 2. Un ejemplo práctico:
- Lunes: caminar rápido 45 minutos.
- Miércoles: bicicleta ligera o elíptica 40 minutos.
- Viernes: trote suave o senderismo 50 minutos.
- Domingo: paseo largo en compañía.
Los otros días se pueden dedicar a ejercicios de fuerza ligera o movilidad. La coherencia importa más que la perfección. En estudios recientes de Frontiers in Public Health (2025), incluso sesiones cortas de 20–30 minutos tres veces por semana ya muestran beneficios en adultos mayores con dolor lumbar crónico.
Ahora bien, no todos los expertos coinciden en que el entrenamiento de zona 2 sea suficiente por sí solo para la longevidad. Algunos señalan que el estímulo de alta intensidad sigue siendo necesario para mantener la función cardiovascular máxima y la densidad ósea. La realidad probablemente esté en un punto intermedio: base aeróbica sólida, más un toque de intensidad semanal.
El lado emocional del movimiento constante
Más allá de lo fisiológico, hay algo profundamente humano en el acto de moverse todos los días. Quienes practican zona 2 suelen sentir no solo más vitalidad, sino también más claridad mental. Tal vez porque obliga a desconectar del ruido digital, a oxigenar literalmente el cerebro. Yo lo noto al escribir: después de una caminata larga, las ideas fluyen con menos esfuerzo.
Y lo más curioso es que, con el tiempo, muchas personas dejan de hacerlo por salud y empiezan a hacerlo por placer. Esa transformación sutil es una de las razones por las que se mantiene el hábito.
Conclusión: la constancia suave que desafía el envejecimiento
El ejercicio de baja intensidad (zona 2) es una herramienta poderosa, discreta y sostenible para alargar la vida. Favorece las mitocondrias, equilibra el metabolismo y alivia la mente. No hace falta una membresía costosa ni un reloj deportivo sofisticado: basta con un par de zapatillas, paciencia y compromiso.
En lo personal, creo que entrenar así me ha devuelto un tipo de energía que no sentía desde los veinte. No es una euforia instantánea, sino una calma profunda que dura todo el día.
¿Te animarías a probar durante un mes? Tal vez descubras que ese ritmo tranquilo que parecía ineficiente es, en realidad, tu mejor estrategia para vivir más y mejor. Al final, la longevidad no se construye corriendo más rápido, sino aprendiendo a mantener el paso justo para disfrutar del camino.
¿Qué es el ejercicio en zona 2 y por qué es importante?
El ejercicio en zona 2 es actividad aeróbica de baja intensidad (60-70% de frecuencia cardíaca máxima) que optimiza la función mitocondrial y mejora la longevidad.
¿Cuánto ejercicio en zona 2 hay que hacer a la semana?
Los estudios recomiendan 150-180 minutos semanales de ejercicio en zona 2, idealmente distribuidos en 3-4 sesiones de 45-60 minutos.
¿Cómo sé si estoy entrenando en zona 2?
Debes poder mantener una conversación mientras entrenas. Tu frecuencia cardíaca debe estar entre 60-70% de tu máxima (aproximadamente 180 menos tu edad).
¿Qué beneficios tiene el entrenamiento en zona 2 para la longevidad?
Mejora la salud mitocondrial, reduce el riesgo cardiovascular, optimiza el metabolismo, disminuye la inflamación y aumenta la esperanza de vida saludable.
¿Qué actividades se pueden hacer en zona 2?
Caminar rápido, nadar suave, ciclismo moderado, elíptica o remo a intensidad baja-media son excelentes opciones para entrenar en zona 2.